Transgresiones del encierro
Pasan los días y la presión que ejercen los colegas de una cofradía a la que me honro en pertenecer es cada día más acuciante; debes escribir, debes escribir, debes escribir. No me lo dicen, pero saben que ya quedo instalado en mi subconsciente dicho mantra, que en nada me tranquiliza. Más aún se sobrepone a la desazón e incertidumbre que nos trae encerrados a todos, bueno a casi todos los que podemos quedarnos en casa, no esenciales dijeron y a más de alguno en la cofradía le dio un ataque cardíaco, antes que el virus.
Para acabarla de amolar, el encierro famoso vino a coincidir con las esperadas, y si pienso yo, merecidas vacaciones de primavera, lo digo así para no ofender a los practicantes de la otra fe, pues en la cofradía se practica una muy particular: a la amistad, a la reflexión, y a la malta, no necesariamente en ese orden. Eureka, pienso; ya encontré el hilo de este pedazo de papel con letras que no se bien si será crónica, ensayo o que otra figura literaria ortodoxa, ya habrá quien que me corrija la plana, y las letras y las oraciones, en una de esas hasta el título, amén.
En estos casi 20 días de encierro a estas alturas uno o dos días más no tienen relevancia, me imagino que cuando llevemos 40 o 42 o 38, empezaré a escarbar en un rincón de casa, que sólo yo conozca rayitas para contar los días, uno, dos, tres, cuatro palitos y uno diagonal cada cinco, como lo hizo Robinson Crusoe. Ahora que lo pienso ¡ese güey estaba en una islotota! No se oye nada mal ante la perspectiva de al menos otros 20 días en la celda 41 de la calle Parotas, por el poniente de mi ahora reducido mundo.
Cuentan, que un antepasado mío fue celador y que, en ciertas ocasiones, salía con sus custodiados a dar la vuelta y luego de una parranda regresaban a su reja, unos de un lado y el otro del otro, como debe ser. Yo quisiera que volviera para sacarme a dar una vuelta.
Después de casi 15 años de no comer en casa, amenazo con volver a hacerlo una vez que todo vuelva a ser como hace cinco semanas, mi compañera, cocinera de postín cuando es por placer y por agasajar amenaza con terminar tan conveniente relación de casi 19 años, y profiere en tono de orden; que ni lo sueñe, que una vez volvamos a la normalidad, yo deberé salir de casa de 7 a 7 como antes, para mantener la estabilidad, el buen trato y sobre todo el buen ejemplo.
Hace unos años, uno de los compinches del celador escribió algo así como sus memorias y las tituló “confieso que he vivido”. Pues bien, yo “confieso que he salido” ya, ya lo escribí ora me aguanto, pienso. Eso sí solo por causas de fuerza mayor tres veces en dos semanas, Hoy la más reciente, si ya le agarré el gusto a ser un transgresor. Voy al banco dije en la salida uno, ¡ah! que gozada, tomé la motoneta fui por la ruta del centro de la ciudad, regresé por la antigua ruta a la basílica del barrio hice mis trámites y maneje a paso lento del acelerador durante las dos cuadras que dista el banco de mi encierro al que insisten en que lo llamemos con la uve tan castiza, a mí me da güeva y nomás por llevar la contraria le seguiré llamando como no quieren.
Salida dos, voy a la oficina a dejar firmados unos papeles que urgen, grite a quien quisiera oír en casa, esta vez tome la ruta de periférico a plaza de sol luego a la Minerva, pues no es cosa de desaprovechar, esta vez sí me mande desperdicie 3 horas en nimiedades como sentir el viento en la cara, la velocidad y ¡La ciudad casi vacía!
Salida tres, ésta si la estoy planeando con más sabor, la ruta será Tlaquepaque, Tonalá y alrededores, yo estoy en sus marcas, listos, para cuando Susana diga: ¿oye no te lanzas al Oxxo?
jajajajaja… buen final