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El futuro nos alcanza

Esta semana he pensado mucho en mi padre. Él era un fanático de la ciencia ficción; siempre me decía que le gustaba porque era ficción, pero también ciencia.

En su biblioteca había cientos de libros, de matemáticas, de electrónica,de ciencia ficción y alguno que otro libro “prohibido” para mí Ahí descubrí a Julio Verne, H. G. Wells, Arthur C. Clarke y Aldous Huxley entre otros. Y claro que también leí “La Carcajada del Gato” de Luis Spota mucho antes de lo debido, pero eso es otra historia.

Uno de esos libros tenía una antología de cuentos cortos; uno de ellos narra cómo un avión termina una misión de bombardeo, vuela entre las baterías antiaéreas y logra llegar de regreso a su base. Aterriza, rueda hasta el hangar y de él salen una serie de robots. Uno le reposta combustible. Otro le reabastece de armamento. Otro repara los daños recibidos. Una vez que concluyen su trabajo, el avión rueda nuevamente a la pista, despega y se dirige a una nueva zona de combate, a bombardear una ciudad en un mundo en el que hace años ya que la vida humana ha sido destruida.

Este cuento se llama “Flying Dutchman”, y fue escrito por Ward Moore en 1951.

Cómo me hubiera gustado poder conversar con mi padre esta semana, en la que el presidente de los Estados Unidos y su departamento de guerra han cancelado contratos por cientos de millones de dólares a Anthropic, una compañía de inteligencia artificial, porque esta se negó a proveer de tecnología para desarrollar, entre otras cosas, armamento autónomo.

Por si fuera poco, esta semana anunciaron con orgullo que en un solo día se hicieron más de mil bombardeos en Irán, seleccionando los objetivos, la secuencia y la intensidad con inteligencia artificial, algo que sin ella hubiera tomado semanas.

Si, Papá! Como en “De la Tierra a la Luna”, la ciencia ficción de nuevo se hace realidad. Aunque en esta ocasión, estoy seguro de que no te hubiera dado gusto presenciarlo.