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Pensar y Vivir

Cuando era niño, alguien a quien quiero y respeto como mi hermano mayor me dijo que “si no vives como piensas, acabarás pensando como vives”.

Esa frase se quedó conmigo toda la vida. La entendí siempre como un fuerte llamado a la congruencia, y una advertencia sobre el riesgo de la autocomplacencia.

Sin embargo, hace algunos días tuve la magnífica oportunidad de viajar de nuevo a tierras lejanas, y este viaje me hizo ver la frase desde otra perspectiva.

En este viaje pude ver de cerca a la tribu Masai. Más allá de lo comercializada que podría parecer la experiencia, la observación por los largos caminos de la sabana africana me hicieron pensar en la realidad de la vida de esa tribu, probablemente una de las más primitivas de la tierra.

En la tribu Masai, el patriarca puede tener hasta 14 esposas. Ese patriarca se comporta, según me contaba el guia que nos acompañaba, como en las familias de los leones. El es el rey y manda; ellas trabajan para el. Ellas construyen las casas, preparan la comida y cuidan a los hijos. Los hijos pastorean las pocas cabras de la tribu, y el patriarca y los hombres jóvenes cuidan de la tribu de los peligros que implican los animales salvajes.

Cuando llega la hora de comer, el patriarca come primero. Después, las esposas. Al final, los hijos, hasta donde alcance.

Cuando pudimos por algunos minutos interactuar con la tribu, me llamo la atención que a pesar de lo fuerte que suena la narrativa de su estilo de vida, el líder se veía orgulloso, las mujeres sonreían, y los niños eran niños que reían y jugaban como lo hacen todos los del planeta.

Para ellos, así es la vida. Así debe ser. Es lo correcto, e incluso están dispuestos a defender su estilo de vida, aislándose de “los otros” (nosotros).

Ahí me surgió una primera reflexión: La vida es lo que es. Si; la vida es lo que es para cada quien, según su cultura, su tiempo, su realidad. No, no soy ningún filósofo descubridor de nuevas realidades. Simplemente pude entender un poco mejor aquello que decía Ortega y Gasset de que “yo soy yo y mi circunstancia”, o aquel poema de Serrat que dice que “uno solo es lo que es, y anda siempre con lo puesto, y nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Después vino la segunda reflexión. Si, es cierto que si no vives como piensas acabarás pensando como vives. El asunto es que primero piensas como vives.

Piensas como viven tus padres y como vivieron tus abuelos. Piensas como piensa tu comunidad, mucho antes de que puedas cuestionarlo. Y desde ese lugar, la frase no acaba siendo un llamado a la congruencia, sino a la conservación de la realidad como la conoces, en muchas ocasiones sin siquiera cuestionarte si esta bien, o si podría (o debería) ser diferente.

Hoy veo con mucha claridad que, sí, hay que vivir como piensas, pero antes hay que atreverse a pensar. Esta bien que las mujeres trabajen así para alimentar al patriarca? Esta bien que sean segundo lugar en comer? Esta bien que las mujeres ganen menos que los hombres o que las acosen en la escuela y en el trabajo? Esta bien que los gobernantes se sirvan del poder para enriquecerse? Y así podríamos seguir la lista, incluyendo a la educación, la salud, la economía, la libertad, la fe.

La frase aquella no solo debería ser un llamado a la congruencia, sino sobre todo un llamado a la valiente transformación de la realidad actual por una nueva y mejor.

Viene un mundo distinto. No será fácil, porque pensar no lo es, y ser congruente y transformador mucho menos.

Cuando hoy veo a mis hijas atreviéndose a pensar diferente y a vivir como piensan, a pesar de ser distinto su pensamiento en muchas cosas al pensamiento del mundo de sus padres y de sus abuelos, les digo con esperanza: “Sigan adelante! Porque si no viven como piensan, acabarán pensando como viven”.