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A ver amigos; les tengo una noticia, y tenemos un desafío.

Con esta frase, pronunciada por el jefe del gabinete, inició la reunión con la que el equipo del presidente de la República de Macadonia solía iniciar las semanas.

Como Ustedes saben, el asunto de la nueva ley de seguridad sigue atorada en el Congreso. En la cámara de diputados tienen algunas dudas y bueno, nada avanza.

Los presentes guardaron un silencio incómodo. Todos sabían que buena parte del problema era que el ministro del interior quería siempre resolver los asuntos instalando mesas de dialogo, en las que nunca se dialogaba, y que nunca resolvían nada. Pero el ministro del interior gozaba de la preferencia del presidente, que incluso lo veía como su seguro sucesor, así que nadie osaba cuestionar su estrategia.

– El asunto es que ayer tuvimos la visita de estado del presidente de Centronia, y en la charla le contó que él había decidido, en un caso parecido, azuzar a la población en contra del congreso, esperando generar una presión suficiente para que los diputados aprobaran lo que el presidente quería.

Las caras cambiaron de incomodidad a preocupación.

– Eso no va a funcionar – dijo uno de los asistentes a la reunión – En Macadonia la gente no reacciona así; nadie va a “presionar” al congreso. Lo único que va a suceder es que el Congreso se va a sentir ofendido, se va a retrasar aún más el tema de seguridad, y tendrá efectos negativos en otras conversaciones, incluido el presupuesto.

Todos asintieron.

– Eso es precisamente lo que le dije al presidente cuando me lo narró. Le pedí que no lo hiciera, que nos diera algunos días para proponerle una estrategia diferente a las famosas “mesas de negociación”. Me dijo que esperaría una semana. Pero Ustedes ya lo conocen, es capaz de lanzarse solo, sin estrategia, y causar un problema mucho mayor. Así que tenemos que actuar rápido. ¿Que actividades tiene hoy? – preguntó el jefe del gabinete.

– Debe estar iniciando su primer evento de la semana: la celebración del día del ingeniero – dijo el secretario particular.

En ese momento, tal como sucede en las películas, empezaron a sonar los teléfonos celulares de todos los asistentes. Todos contestaron las llamadas que inquietantemente sonaban en sus aparatos. Algunos se levantaron de sus asientos, alejandose de la mesa. Otros se quedaron ahi, escuchando a sus interlocutores, haciendo preguntas breves, con caras de preocupación. Al cabo de un par de minutos, todos terminaron sus llamadas y regresaron a la reunión.

– Se los dije fue la lacónica frase del jefe de gabinete.