Voy derecho y no me quito
Ahora lo veo todo muy claro. Admiro la tenacidad de Andrés Manuel. No cabe duda de que es un ser fuera de serie. Me hubiera gustado vivir en los tiempos de Juárez o de Bolívar para entender cómo eran percibidos esos personajes en ese entonces. Hoy ya son figuras mitificadas y acomodadas a la historia. Por eso Andrés Manuel me espanta doblemente. Por un lado, me queda claro que vive en una utopía construida con minuciosidad desde hace cincuenta años y por ello bastante detallada. Está convencidísimo de ella. Allí vive y de allí no se mueve, porque, como él se imagina que Juárez y Bolívar ganaron porque nunca se movieron, él tampoco se moverá. Tiene fe de sobra de que llegará hasta el final.
Me espanta también por el sentido de su mensaje económico del domingo. Prístino y totalmente consecuente con su utopía, lo pueden cotejar en sus discursos, en sus libros y en su programa de gobierno. No importa que el mundo haya cambiado, que la globalización hubiera complejizado al sistema capitalista o que esta pandemia y la crisis que se avecinan sean algo nunca visto; su proyecto nacionalista revolucionario va a salvar a los pobres de México y nada más importa. Él va derecho y no se quita.
El anillo en el dedo
La crisis le vino como anillo al dedo, porque ahora sí podrá acelerar su proyecto de nación. Por eso, en nueve meses, dos millones de empleos adicionales para su base electoral. Y si eso no es suficiente, 22 millones de familias estarán cubiertas por sus programas (¿pos cuántos somos?) y otros 2 millones cien mil recibirán créditos varios. Impresionante.
En su utopía la crisis no existe, se la imagina breve –por eso la llama transitoria– y le antepone al mensaje para enfrentarla su informe de labores: 8 millones de adultos mayores, 10 millones de becas, 356 mil créditos a changarros, 3 millones de sembradores, aprendices, pescadores y el chorro de acciones más. Impresionante transferencia de recursos. Ni quien diga nada. Los desheredados de la tierra reciben algo. Lo que siguió fue un alarde de obra pública que generará empleos por todos lados y sembrará de casas, escuelas, internet, plantas de energía eléctrica, caminos, refinerías renovadas y entre eso… camas de hospital.
Sin embargo, nosotros –no sé cómo definirnos– ¿urbanos-burgueses-clasemedieros-intelectualones? en la cabeza traemos otra cosa. Vemos un tsunami que se nos viene encima y queremos escuchar cómo se enfrentará. Lo que oímos no nos gusta: los recursos fluyen como si no pasara nada. Habrá más dinero, pero no mucho, no quiere deuda; viene de los fideicomisos cancelados, del fondo de estabilización, pero se distribuirá con lógica de Andrés Manuel: una parte a sus programas sociales, otra al pago de la deuda y una más a Pemex. A Salud lo indispensable: 40 mil millones y a la contratación de 40 mil médicos que no nos sirven ni para acercarnos al promedio de la OCDE.
El mensaje es claro. Todos los recursos del Estado para amortiguar la crisis atendiendo las condiciones de los que menos tienen. Para ellos todo el esfuerzo. Para la maquinaria capitalista nada, aunque haga mover al sistema, nada. Esa que se rasque sola, para eso ha ganado tanto dinero siempre.
Otra vez: dos millones de empleos para ensanchar su base electoral y 30 mil nuevos miembros del ejército, por las de hule, no vaya a ser la de malas. Si fuera un presidente panista o priista, la izquierda estaría apanicada y hablaría de estarnos encaminando hacia una dictadura. Lo cual, en el marco del desmantelamiento de los organismos intermedios que ya venía sucediendo, o la intransigencia para tomar en cuenta a la sociedad civil organizada, pone la piel de gallina.
El desencanto
Los apoyos no serán para aquellos que verán afectados sus ingresos con la gran depresión que se avecina: desempleados formales, autoempleados o informales. Nada para apoyar a nadie a quedarse en casa, a cubrir necesidades de alimento. Nada para quienes no podrán solventar las rentas de sus casas. Migajas para las pymes: apenas poco más de 800 mil créditos en tandas para cerca de cuatro y medio millón de microempresas. Y nada relevante para las mujeres trabajadoras. Probablemente todos estos estén por arriba de la línea de flotación y a Andrés Manuel solo piensa en los que están hundidos.
Y a nosotros ¿qué? Qué si en el mundo se perderán 25 millones de empleos, qué si las cadenas productivas están dislocadas, qué si el encierro debilitará la producción y el consumo, qué si la gente se quedará sin ingresos, qué si el sistema tendrá dificultades para recuperarse, qué si tardamos de dos a cuatro o a diez años en rescatarnos ¿Pos qué?
Pues sí. Nuestro Simón Bolívar no es factor de unidad y tiene una visión a contrapelo de la crisis. Desencanta el discurso tradicional ajeno a lo extraordinario que se explaya en presumir lo hecho sin atender la emergencia. Al final de cuentas, los que pueden voltear el barco, los que pueden hacer la revolución, están con él.
Postdatas:
Para Andrés Manuel ser servidor público es ser militante de una causa: la Nación. Por eso se debe estar dispuesto a renunciar sin chistar al derecho de los aguinaldos. Veremos.
Y todo lo que anunció ¿es real? Todas las Utopías son rosas por naturaleza y casi todas chocan con la realidad, que es terca. Ya veremos cómo le va a México va cuando eso ocurra, y ya veremos si se desquita cuando le pegue.
Gracias por esta aportación, realmente somos muchos mexicanos que estamos fuera de la óptica presidencial, lo único que podemos hacer es no claudicar y trabajar desde nuestras comunidades en la construcción de un México diferente, en la autonomía y estrechando lazos de solidaridad con nuestros pares! Buen artículo Alberto Pérez Martínez!