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Decir «NO, Señor Presidente»

Terminaba mayo del 2019. Los industriales de Jalisco estaban reunidos en Puerto Vallarta, en su convención anual, en la que el tema central era la innovación. Como es costumbre en los eventos del Consejo de Cámaras Industriales, hubo diversos invitados que abordaron temas como las perspectivas económicas y políticas para México, a solo 6 meses de iniciado el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Uno de esos invitados fue Carlos Salazar Lomelín, flamante presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

Carlos Salazar había llegado a la presidencia del CCE con un estigma; se trataba de un alto funcionario de empresas regiomontanas. Un currículum impresionante, sin duda. Alto funcionario de empresas refresqueras, cerveceras y bancos entre otras. Sus más críticos sin embargo le señalaban precisamente eso: que en realidad nunca había dirigido una empresa suya, que no sabia lo que era sudar un viernes para pagar la nómina arriesgando su patrimonio, sino que cada quincena cobraba la suya protegiendo los intereses de los grandes capitales del país.

En su intervención, Salazar Lomelín, ante la intervención de uno de los participantes que preocupado le preguntó como enfrentar desde el empresariado lo que ya desde entonces se perfilaban como actitudes autoritarias del Presidente de la República, respondió que “a los gobernantes se les elegía en las urnas, y después había que aguantarse sus decisiones”.

Esto fue demasiado para mi espíritu demócrata. Le reclamé la expresión. Le dije que México requería líderes que dialogaran con el gobierno con ánimo constructivo, con información y con propuestas, pero que se requería también que esos líderes tuvieran el valor y el tamaño para, cuando fuera necesario, decir “NO Señor Presidente”.

Carlos Salazar Lomelín, francamente molesto y frente a un auditorio lleno de industriales jaliscienses me respondió que no se requería valor, sino inteligencia, y prácticamente dio por terminada su intervención.

Hoy, a solo 11 meses de ese evento, Carlos Salazar Lomelín ha fracasado en su papel de líder empresarial. Hoy está solo, avasallado, derrotado. El sector empresarial de Jalisco que lo vio de cerca y lo enfrentó a tiempo, ha decidido seguir por su cuenta, mientras él intenta con desplegados tardíos recuperar lo irrecuperable. ¿Cuanto nos habrá costado su “inteligencia” y su falta de valor?

Es urgente reconstruir el liderazgo empresarial, para enfrentar con inteligencia si, pero también con valor esta crisis, que no solo es de salud, sino también económica y política. Es urgente para generar la unidad necesaria, y propiciar el diálogo reparador.

Reitero lo dicho. Se requieren líderes que dialoguen con el gobierno con ánimo constructivo, con información y con propuestas, pero que se tengan el valor y el tamaño para, cuando sea necesario, decir “NO Señor Presidente”.