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Te reconocí a la distancia y mi corazón se desbocó al instante. Asustada te seguí con la mirada, naufragando entre las ganas y el miedo de que me descubrieras en ese mar de redactores. Quise ver tu reacción, pero pasaste de largo, sin reparar siquiera en los que estaban sentados en los escritorios que bordeaban tu camino. Me acurruqué detrás del único lápiz que tenía a la mano, me encomendé a la esperanza de que ni siquiera te imaginaras mi presencia y me dejé observarte.

No habías cambiado mucho. Tu pelo un poco más corto, seguías delgado, con el mismo caminar lento y firme que adoptas para protegerte de los lugares desconocidos, y un gesto de seguridad que te eleva por encima de los comunes que osamos verte. Te volví a querer. Te juro que volví a sentirte revolotear en mi existencia. Tu olor a mañana, la melodía de tu voz y esa forma tan silenciosa que tenías para invadirme los poros con tus ganas, se despertaron otra vez.

Te hicieron esperar. Solo yo supe leer la tensión de tu conciencia detrás de tus pausados movimientos. Reconocí tu modo de esconder la mirada entre la mano que acomoda tu pelo para escudriñar cuando te sientes observado y no supe reaccionar a tiempo. Me miraste entonces. O creí que lo hiciste, pero al voltear tu cara hacia mi, sentí como si mil puñales atravesaran por completo mi estómago y mi corazón.

No pude más, agarre cualquier cuaderno como escudo, me incorporé de un salto, gire media vuelta y dejé que mis deshilachadas piernas me condujeran hacia la puerta. Oí mi nombre en tu voz lejana, descubriéndome, llamándome, desnudándome y me eché a correr.

Una voz interior me dijo que sería mejor guardarte así para siempre, que volver de nuevo a tu infierno.

Alberto Pérez Martínez

2 comentarios en El Periódico

  1. noemi montenegro // 28 septiembre, 2015 en 9:24 am //

    Felicidades Alberto
    ¿Habrá espacio para corazones desgarrados?
    ¡¡¡Ji ji!!
    Te mando un abrazo, y te deseo mucho éxito.
    Te mando mi corazón desgarrado. Nada que ver con tu escrito, pero cuando lo leí, recordé mis letras y te las comparto
    III
    Me desgarro buscando impresionar tu corazón
    Me desdibujo en cada promesa de ser diferente, de buscar a cada instante las palabras que hagan quedarte para siempre,
    Mis latidos ensordecen la conciencia que me llama
    Mis manos buscan sin éxito las tuyas
    Mis ojos entrañan una pregunta que no me atrevo murmurar.

  2. No te conocía esa faceta de poeta!

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