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Comunismo

¿Sigue siendo comunista, profesor? preguntó el reportero.

El viejo prendió su pipa y aspiró pausadamente la crítica de Marx a un sistema de organización social fincado en las ganancias, en la explotación del trabajo humano y en la atención a la necesidad social solo en la medida en que sea negocio; saltó a Lenin en la plaza roja arengando a las multitudes a que osaran hacerse dueños de todo para dejar de sufrir.  De allí se siguió a las discrepancias sobre las discrepancias entre Stalin y Trotsky de sus años universitarios.  No se contuvo y se fue hasta la explosión anárquica en el París del 68.  Regresó a Mao y su revolución de la conciencia, la banda de los cuatro, Tianamen y la actual reestructuración de la economía China en torno a la del Japón.  Viró a donde el Ché y su concepto de “Hombre nuevo”; a la tenacidad de Vietnam, de Salvador Allende y de Fidel.  Finalmente sus recuerdos encallaron en su último viaje a Berlín. 1989, el muro derrumbándose, la calle repleta y una mujer en medio, sola, llorando.  Alguien que le pregunta por qué llora si ése es un día feliz y un “porque para mí ha sido demasiado tarde” como respuesta que golpea en la cara y desacomoda el corazón por mucho más que un día.

Regresó entonces a los ojos del reportero que seguían esperando y con todo el peso de su experiencia resumidos en una mueca, le devolvió la pregunta:

–¿Podría definirme en qué sentido?

 Alberto Pérez Martínez.