Candidaturas Independientes
En este próximo proceso electoral por primera vez a nivel nacional, los ciudadanos sin partido podrán aspirar a cargos de elección popular.
Este es sin duda un paso más en el proceso de construir una democracia eficaz en México. Desde aquella primera plataforma electoral presentada por el PAN en 1943, en la que se planteaban reformas al régimen electoral, que incluían un organismo autónomo calificador de las elecciones, o las iniciativas planteadas por los primeros legisladores panistas en 1946, que incluían la creación de una credencial para votar confiable, a la realidad que vivimos hoy, han pasado muchas cosas.
Hoy tenemos, sin duda, elecciones mas confiables, y en términos generales los partidos políticos saben que pueden ganar y que pueden perder. Pero eso, que Castillo Peraza calificaba de “higiene en la aritmética electoral” no puede aún ser calificado como una democracia eficaz. La democracia será eficaz si logra construir bienes públicos suficientes y oportunos, si se logra combatir la impunidad de los gobernantes, y la efectiva participación de los ciudadanos.
Muchos, incluso muchos panistas, expresan dudas acerca de la efectividad y conveniencia de las candidaturas independientes. Se ofrecen argumentos técnicos, y se advierten riesgos éticos. Se especula que los candidatos ahora serán puestos por empresas poderosas, nacionales o transnacionales que financien sus campañas a cambio de cuidar sus intereses (Telmex, Televisa, Coca-Cola etc.), o peor aún, que serán grupos delincuenciales los que financien esas campañas. (Como si eso no sucediera hoy al interior de los partidos!)
Lo que muchos olvidan, es que el PAN en su primer participación electoral, decidió apoyar a un candidato independiente, Andreu Almazán, que tuvo también el apoyo del Partido Laborista Mexicano y del Partido Revolucionario de Unificación Nacional.
Las candidaturas independientes no serían necesarias si los partidos políticos, en especial el PAN postularan, como lo hizo el PAN durante décadas, no a destacados militantes, sino a destacados ciudadanos. No serían una urgencia democrática si el PAN buscara, como lo hacía hace años, a los mejores hombres y mujeres para gobernarnos, no a los militantes más leales al grupo de poder interno para protegerlos.
Hoy la ley electoral le pone a los ciudadanos una estrecha puerta de entrada; quienes quieran ser candidatos sin un partido deberán lograr, en un plazo de solo 60 días y sin el apoyo de financiamiento público, el apoyo del 2% del padrón electoral del distrito, municipio o estado del que se trate. Para el caso de un diputado federal, eso significa el apoyo de aproximadamente 5,000 ciudadanos de ese distrito.
Si los partidos políticos siguen con su “neurosis de la escaramuza”, viendo solo sus asuntos internos y protegiendo a sus grupos de poder en lugar de atender el reclamos de los ciudadanos, si los candidatos postulados por los partidos no son capaces de obtener, además de la “bendición” de los poderosos dirigentes, el respaldo inicial de al menos ese número de ciudadanos, si los partidos siguen ignorando a los ciudadanos sin partido por privilegiar a sus militantes, veremos muy pronto el derrumbe del sistema de partidos por los ciudadanos independientes.